Esta noche llegaré tarde.


Tal vez te acuerdes de mi,
 cuando vayas a todos aquellos lugares, 
a los cuales solíamos ir.
 Tal vez te acuerdes de mi, 
cuando Blush cante “ Infatable”.
Cuando necesites un hogar donde ir. 
Tal vez y solo, 
tal vez,
 te acuerdes de mi, 
cuando te sientas solo. 
Se ha convertido en arte


Mira.
Quién diría que lo que un día jurábamos que no seriamos, 
lo acabamos siendo. 
Nos acabamos incluyendo, 
en la lista de promesas a olvidar.
 Recuerdas que decíamos que nosotros nunca llegaríamos
 a ese punto de no retorno. 
Que antes de llegar ahí, 
nos daríamos un tiempo, 
para volver a nosotros
 y seguir siendo un equipo. 

Estaba más que claro que un día, 
cada uno iría por su camino, 
pero hubo un problema. 
Que no sé si es virtud o defecto. 
Me empeño en volver. 
Estuve ahí de todo corazón, 
en las buenas, 
en las malas
 y en las jodidamente malas. 
Debería aprender que al final el que se queda, 
es el que más sufre. Esta bien. 
El tiempo pasa y la gente cambia,
 es un tópico, 
pero al fin y al cabo es verdad.


Tal vez te acuerdes mi, 
Tanto como yo me acuerdo de ti.
Tal vez te acuerdes mi,
En las noches de invierno, 
Cuando no puedas dormir, 
Tal vez te acuerdes de mi, 
Cuando yo me olvide de ti.


En fin. 
Te quiero decir que cuando ya no sepas dónde ir,
ve donde te de más miedo, 
que ahí uno siempre encuentra la respuesta a todo.
Que nunca seas aquello que te hicieron. 
Date cuerda, 
cuando la felicidad te sonría
Hazlo por ti.
Sé feliz.
No te arrepientas.

Otra cosa quiero decirte, 
no me esperes está noche, 
que llegaré tarde, 
tan tarde que quizá 
sea mañana.

Ahora.
Vete.
Déjalo así.
Olvídame. 
Y olvídame de verdad. 








no puedes venir y acabar con todo,
no puedes,
no tienes el derecho,
de llevarme a tantos pies de altura
y soltarme así sin más,
ya que una vez fuiste hogar y mis ganas de llegar a casa.

2 e n e r o


Te quiería entre silencios, en cada suspiro, cada vez que respiraba, y en todo lo que callaba. Te quería así, como el tiempo sabe querer, sin pausa, sin espera; con la certeza voraz de lo inevitable.

Vestidos, desnudos y disfrazados. Enfermos, débiles y agotados. Al tope de la pasión y el deseo, arrullados entre la ternura y el Amor. Nos habíamos fundido en un solo ser tantas veces que me especialicé en amaneceres suicidas y en palabras desvanecidas. Tú manteniendo la firmeza de siempre, cuando dices que el amor es para cobardes. Y yo, preguntándome

Debo decir, en su defensa y en descargo de mi inclemencia, durante el tiempo que duró, fue paciente, discreto y en especial, astuto. Sus armas jamás fueron la presión, la demanda o el chantaje, Por el contrario, no necesitaba ponerlo en palabras para hacerme saber la determinación de sus deseos. 


 Lo quería por el respeto absoluto que me transmitía  y lo admiraba más por su empeño irreductible de afectar mi determinación. Aunque me dejaba ganar batallas a las que sabía que estaban perdidas de antemano, él percibía en las reacciones de mi cuerpo que estaba lista para dejarme llevar, ambos sabíamos que peleábamos la guerra de los mil años y habían transcurrido suficientes para conocer nuestras fortalezas y debilidades. él apostaba a hacerme caer en la tentación de sus placeres y yo me aferraba con estoicismo a mis principios, mis miedos y argumentos. Era una guerra con más de un frente, no solo era mi cuerpo el que debía resistir sus escaramuzas, su inagotable arsenal de recursos en la cama, su increíble habilidad para hacerme perder la noción del tiempo y el espacio bajo el hechizo ardiente de su boca, el descaro de sus dedos y su acorazado de acero con el que conquistaba mi ciudadela a su antojo y conveniencia.  

¿Qué si te quiero ?, sí… ¡te quiero!… con un Amor sin egoísmo, sin cadenas y sin tiempos, que te disfruta en los instantes que pasamos juntos y se reconforta en tu recuerdo cuando la distancia nos separa, con un Amor que no te asfixia, que te da el espacio que tus alas necesitan y que sabe esperar su momento
¿Qué si te quiero?, sí… ¡te quiero!, con un amor que se alimenta de tus cosas buenas y mis cosas buenas, con un amor que se enamora del alma, del corazón y cabeza que conforman tu ser, porque cuando llegas iluminas todo a tu alrededor, porque soy tu sol y eres mi nova, porque cuando estamos nos damos y cuando nos ausentamos nos extrañamos sin dolor, solo con un pequeño escozor en espera del inevitable reencuentro.
¿Qué si te quiero?, sí… ¡te quiero!, y más lo hago cuando me dices que me quieres, porque al decirlo y escucharlo alimentamos el fuego que crepita en nuestros pechos, porque has cambiado mi nombre y he cambiado tu nombre, te llamo de mil nombres y todos significan te quiero, porque me llamas de mil nombres y todos me dicen me quiere.
¿Qué si te quiero?, sí… ¡Te Quiero!





.
Vamos a inventarnos un cuerpo
Vamos a leernos versos
hasta que la piel despierte.
Vamos a rasparnos las rodillas
hasta que las ganas se agoten.


Vamos a leernos las cicatrices
hasta que el amor regrese.
Vamos a amarnos sin miedo
hasta que se nos acabe el cuerpo,
o nos enamoremos; lo que pase primero.


Vamos a bebernos la mirada
hasta que la sed se expanda.
Vamos a curarnos las heridas
que otros nos hicieron.


Vamos a conocernos a oscuras
hasta que haya réplicas de tu piel
y de mi piel en nuestras mentes,
hasta que encuentres tu nombre
en mis lugares secretos,
hasta que escriba mi nombre
en tus lunares sin historia.


Vamos a contarnos las plumas
y usarlas para volar lejos;
para alcanzar eso que inventamos
con suspiros, ganas y versos.



 San Valentines Fugaces

Hay Amores tan fugaces que hay que vivirlos como veranos de un solo día, amores como el nuestro que están hechos de humo y espejos rotos. Quizá por eso callamos las cosas que nos recuerdan la volatilidad de amarnos, omitimos hablar de cosas, personas y lugares que con un manoteo pueden desvanecer la voluta de humo en donde nos ocultamos para desgarrarnos la ropa, el corazón y el alma a través del misticismo del firmamento virtual. Entre nosotros no hay pasado por escarbar, no importa el presente que se queda fuera del “nosotros” y definitivamente no habrá más futuro que las hojas arrancadas a un calendario que no nos pertenece por completo. 
A la crueldad le hemos impuesto un nudo en los labios y cuidamos hasta el uso irresponsable de los diminutivos de cariño, nunca me llamarás “amor mío” ni escucharás que te diga “mi vida”, aquí detrás de la niebla plomada somos y seremos amantes eternos, de esos que matan y nunca mueren. Somos amantes a la antigua, que nacieron en el primer abrazo, sin nombres y sin apellidos, con rostros que nunca envejecen y sonrisas que nunca se apagan, cobardes para matar un Amor de esta vehemencia y demasiado valientes para amarnos a pesar de intuir el color de la madera con que se armará el ataúd de este sueño. Hacemos de cada día un fugaz San Valentín y los regalos más valiosos son la arena de un reloj hecho de suspiros, un ramo de risas digitales y una caja de pequeñas bombas apasionadas que encapsulamos en mensajes. 
Por instantes, nuestro Amor parece hecho de eslabones de acero, aunque la mayoría del tiempo es frágil, como un castillo de azúcar, que cuidamos de la marea de la cotidianidad que sube y baja queriendo carcomer sus cimientos. Tú me cuidas de tu otra vida, me escondes en una diminuta fortaleza de tu corazón a la que nadie más tiene acceso ni cabida. Yo te cuido de mi sonrisa cínica, de las garras de mi experiencia y de los saltos de mi impulsividad. Ya no sé que tortura es peor, si que no conozcas mi nombre, ni mi rostro o que conozca tu rostro y tu nombre, pero no podamos saciar el deseo de olernos y probarnos hasta la locura uno al otro. No, no todo es distancia, ni siquiera es la villana de la historia, la distancia más grande e imposible es la que nos autoimponemos para no acortar los kilómetros entre nuestros miedos y nuestros deseos, la distancia más grande es el temor a que una vez juntos no podamos separarnos jamás o el recelo instintivo a que destapemos un hoyo negro que se alimente sin fin con nuestras emociones, sentimientos y sensaciones. 
Nadie imagina el peso de lo que se calla, no hay abismo más oscuro que donde arrojamos las alarmas de incendio, los letreros de peligro y las campanadas de emergencia, todo ello de un amor clandestino y arrebatado que gana terreno titánicamente en un mano a mano contra el imbatible remolino de la realidad. Hay amores con un fin del mundo aplazado entre besos, caricias y gemidos, pero un fin del mundo que llegará implacable antes que permitir el nacimiento de un mundo nuevo.
No tiene importancia dónde vivo, cómo me llamo, ni de qué color es mi cara, lo que realmente es importante es en dónde me habitas, de qué color son las sonrisas que te regalo y cómo me llamarás cada día. Lo que realmente es importante es en quién sueñas, quién te hace reír o llorar de la nada y sin motivo aparente. Lo que realmente importa es quienes somos en esos momentos que robamos para hacernos nuestro presente, con esos retazos de fantasía que llamamos “nosotros”.
A pesar de lo que dicte la historia y sin importar hacia donde apunten nuestras huellas, aunque ya no exista un nosotros, aquí en las letras, en el mundo paralelo de la fantasía seguiremos siendo amantes eternos, contigo o sin ti, conmigo o sin mí...