"Tu táctica es quedarte en mis recuerdos"



Hoy quemé la carta. La única carta que me escribiste.
Y yo te he estado escribiendo (sin que tú lo sepas) día tras día.
A veces con amor, a veces con desolación,  a veces con rencor. Tu carta la conozco de memoria: catorce líneas, ochenta y ocho palabras, diecinueve comas, once puntos seguidos, diecisiete puntos ortográficos y ni una sola verdad. 

Una carta simple, estaba desgastada de tanto abrirla y leerla cada noche, una y otra vez hasta quedarme dormida, pretendía soñar con lo que me escribías, pero nunca lo conseguí quizás mi corazón me advertía de ante mano  que “No era amor, era otra cosa” que de todo lo vivido no quedaría absolutamente nada, quizá solo las ruinas de un amor, que con el tiempo se irá. Pero no era consciente, me gustaba leer entre frases; leer cada frase y soñar. Cinco minutos bastaban para soñar una vida, así de relativo era el tiempo cada vez que leía tu carta. La única carta que me escribiste. Y que cada vez que la leía me seguía llenado los minutos de razones para respirar.

Me la sabía desde la primera letra por la cual empezaba,  hasta el último punto y final, la recitaba de memoria;

“De dos cosas estoy seguro: me interesas y te necesito. Lo demás no sé hasta qué punto puede importarme.

….Más que besarte, más que acostarnos juntos, más que ninguna cosa, tú me das la mano, y eso es amor…

Te digo que te quiero, te repito que estás en mí como yo mismo,
te confieso otra vez que estoy enfermo de ti, que me eres necesaria como un vicio tremendo, imprescindible, exacta, insoportable.

Esas eran tus palabras, me las imaginaba saliendo de tu boca como una dulce melodía de piano.Pero poco a poco esas dulces palabras, se convirtieron en mentiras amargas, en veneno letal. En angustia, que acabaron finalmente en lágrimas. Esas lágrimas que cada noche mojaban el papel y corrían la tinta negra del bolígrafo, haciendo cada vez más difícil ver las palabras que estaban escritas. La única palabra que aun se podía leer con toda claridad era, insoportable. Insoportable, era el dolor que tus palabras habían causado. Era como una basura que se me había metido en los ojos,  hacia que mis lágrimas se derramaran por mis mejillas, en un intento de sacarla, cerraba los ojos fuertemente para que saliera, pero los volvía a abrir y seguía allí. 

Tengo horribles pesadillas. Pero mis pesadillas no tienen monstruos. Solo consisten en soñar que estoy sola en la cama sin ti. Y cuando me despierto y ahuyento la pesadilla, resulta que efectivamente estoy sola en la cama, sin ti. La única diferencia es que en el sueño no puedo llorar y, en cambio, cuando me despierto, lloro. Y el llanto es más -frustrante al ver la carta-
La carta que encontré una mañana al despertar. La carta que tanto prometía, sin cumplir con las palabras que estaban escritas. La carta que marco tu ausencia, y tu engaño. La carta  que cada vez se volvía más blanca, cuyas palabras se estaban borrando, teniendo en cuenta que llorar cada noche las mismas ilusiones, escritas en cursivas, pasan factura al alma. Y las lágrimas caen directas sobre el papel, que las absorbe, sin despreció y corre la tinta. 

Pero hoy ya no hice lo mismo de cada noche, no la leí… Hoy estreche la carta contra mi pecho, la abrí respire hondo, mire las últimas palabras que se podía leer:

“Cuando se trata de ti, todas mis opciones son bonitamente subjetivas…
 "Te quiero así, a voz bajita y latidos altos.”


Comprendí que estaba a punto de llorar, por lo que iba a hacer. Me di cuenta de que yo solo quería confianza, intimidad, ternura, y sobre todo te quería a ti. Cogí la carta y un mechero. La carta empezó a  quemarse lentamente. Mientras se quemaba, pensaba que te borraría de mi mente, pero a mitad del proceso, veía de uno en uno los recuerdos que tuvimos, todos esos recuerdos que harán que mientras más te quiera olvidar, más querré que te quedes en mi mente, porque ahí es donde perteneces. Mi alma grita de dolor, de pérdida, grita, grita para hacer que vuelvas, que vuelvas, por favor. Nada de todo sigue igual, nada es igual sin ti, mi alma te odia, te echa de menos, hay un agujero enorme en ella… Siento que mi vida es como los libros que se deja de leer por aburrimiento, porque cada capítulo es lo mismo que los anteriores, sin variación, sin cambios. Mismos hechos, mismos sentimientos, misma soledad.


Pero el amor es un sentimiento contra natura, que condena a dos desconocidos a una dependencia mezquina e insalubre, tanto más efímera cuanto más intensa.

 “Y he llegado a la conclusión de que las cicatrices enseñan y las caricias también."

No sé si queme la carta, para transformar la tristeza en nostalgia, o la soledad en recuerdos.
 Pero quiero decirte que…

Las espinas están ahí por una razón, y no son solamente pura maldad de las flores…

Ayer quemé la carta. La única carta que me escribiste.
Que cada vez que la leía, sentía que nunca había sido tan plenamente feliz como en los momentos que pasé junto a ti. Pero tenía la hiriente sensación de que nunca más volvería a serlo, por lo menos en ese grado, con esa intensidad, no…
Pero hoy escribo, para transformar la tristeza de ayer en nostalgia o la soledad en recuerdos. Y para que la espera no desgaste mis sueños, mis sueños que tenía de olvidar la carta que se había quedado gravaban en mi mente como un tatuaje. Y  no sé porque, pero me da por extrañarte, por echar de menos tu presencia. Será tal vez porque el primer amor le deja a uno más huella que ningún otro.

-De todo lo que conocía hasta entonces, el amor era lo más difícil.



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