Aquel verano



Dudo en llamar con el nombre bello y serio de tristeza, a este sentimiento desconocido cuya dulzura y cuyo dolor me tienen obsesionada. Es un sentimiento tan completo y egoísta que me llega a dar vergüenza, mientras que la tristeza me ha parecido siempre decente. Conocía el arrepentimiento, el fastidio y hasta el remordimiento. Pero en cambio la tristeza, no. Ahora siento algo que me envuelve, como una seda enervante y dulce, y que me separa de los demás. 

...Aquel verano yo tenía dieciséis años y era feliz del todo...